1.
Las puertas de este teatro permanecen abiertas aún cuando las aves calientan sus nidos por la madrugada, inclusive cuando la noche se ve teñida por la luz de los astros y el repiqueteo de la lluvia. Enormes testigos labrados con hierro y sangre, han presenciado el fluir del tiempo, el constante deambular de arlequines y reyes, de damas y hechiceras.
Y es ahora que un pie se estampa sobre la madera bruñida de una de ellas, para dar apoyo a ese cuerpo cubierto de seda y trémulo de frío. Manos que aprisionan un abrigo, negándose a mostrar un esbozo de debilidad. Una mueca en esos labios violetas es disfrazada por un mechón negro; el viento no se apiada de nadie. A pesar de que la función tenía horas de haber acabado, deseaba que la lluvia no parara y poder, así, huir de su realidad.
Una puerta, al fondo del lobby, se abre hacia un pasillo, uno de los brazos de ese monstruo fantasioso que es el teatro. Entra a la recepción aquel hombre, sacudiendo su delgado suéter de la esporas luminosas, producto de la luces conl as que da vida, cada noche, a las sombras de un sueño. Camina distraídamente, sin querer llegar a las puertas, ni enfrentar a la lluvia o al largo camino que le espera.
Metió la mano en la bolsa del pantalón, buscando alguna moneda que le asegurara la cena de esa noche. En un momento de descuido, la llaves se deslizaron por entre sus dedos y fueron a dar al piso; se agachó lentamente a recogerlas, el cansancio pesaba sobre su espalda.
2.
El tintineo agudo la alertó de su presencia, rescatándola de su ensimismamiento. Volteó la cabaeza en un movimiento rápido, instintivo. Sus miradas se cruzaron: Colisión de almas. Segundos fugaces marcaron una eternidad, una catársis sentimental. No hubo palabras, mas fue una comunicación total.
Aquel momento fue para él como si emergiera de la oscuridad profunda de un túnel a la luz. Sintió parpadear pero sus párpados no se movieron, aquella imagen que taladraba sus pupilas le causaba miedo, se sentía desafiado por ella pero al mismo tiempo le atraía. Algo salvaje brincaba dentro de si, impulsándole hacia el peligro. ¿pero, cuál peligro? ¡Ni siquiera sabía quién demonios era ella! Algo, o alguien muy al fondo de su interior, la conocía mas que a ninguna otra.
Sí. Ella era. Era la dama en sus sueños. Aquella a quien él, durante noches solitarias, dedicaba tantos pensmeintos, a pesar de jamás haberla visto. No había duda, era ella. Tenía que ser ella. Pero, ¿por qué, si tanto gozo le causaba su presencia, esa mirada le inspiraba tan inmenso terror? Podía sentir, cómo cada uno de sus pensameintos, cada una de sus emociones encontraban un espacio, haciendo eco en ella. De alguna manera su extraña presencia le desquiciaba, a la vez imponiéndole una sinceridad que nunca antes había experimentado, mas que en esos sueños en los que una bella voz le consolaba. ¿quién era esa mujer? ¿qué era ella? ¿a qué se debía ese rotundo cambio en él ante su presencia? quiso desviar la mirada. No pudo. Algo lo impedía.
3.
Le vió levantarse, como un fantasma guerrero, emergiendo del rojo atropellado y sucio de la alfombra. Entonces, esa unión, ese vínculo formado por las pupílas dilatadas de dos seres temerosos, forjó una alianza. Ella podía ver las moléculas bailando en la quietud recuperada de esa amnesia del alma. Donde se vuelve a vivir la luz del principio, ese lugar donde se creó el ser antes del vacío, antes de la soledad en medio de madrastras y amantes. Regresó a ella durante dos corazones latiendo sorprendidos, el relampaguear de una vida extraviada, las centurias inexistentes cuando el rompecabezas de su sentir apenas era concebido.
Se dió una amalgama de ilusiones, cuando los ojos tragaban la súbita iluminación de unparaíso virtual y absorbían sedientos la mirada plena de emociones dirigida hacia ella. El la observaba absorto, reflejaba en sus ojos oscuros el peril caótico de la mujer, donde luchaban un temor repugnante y la compulsión de acercarse más, de tocar, oler y saborear cada textura, cada emoción presente en el vértice.
Mas un motor en la noche escogió ese momento para rugir su desafío, hacer conocida su llegada y su intencion de llevarla lejos de este santuario. Ella desvió sis ojos, hizo que se perdieran en las mantas de la lluvia, en el hombre vestido de lacayo que la aguardaba abriéndole la puerta del carruaje. El la miró cuando se iba, como el cabello no perdía su luz, como la noche le engullía como si ella le perteneciera.
* * *
En mis sueños le visité, conun flotar suave y silencioso, entré por su ventana. La paz de aquel lugar se hizo sentir en mi cara. Y el viento, cual buen cómplice, no hizo ruido alguno, antes bien disfrazó mis movimientos con el de las cortinas. La luna iluminó mi camino hacia ella, me deslicé hasta el pie de su cama. ¡Oh, altar bendito que a mi musa albergas, cuánto te adoro y cuánto de envidio!
Ajeno a toda preocupación, su rostro reflejaba belleza que siempre me había cautivado. Deseé que esos segundos se volvieran siglos. Quise acariciar su frente y sentir entre mis dedos aquel cabello sedoso y negro como las sombras que me encubren, pero el miedo a interrumpir su descanso detuvo mi mano.
Imaginé, de su mano caminar juntos y escuchar su voz cantar felicidad. Mueve su brazo al aire. Mi corazón se acelera.
¿despertarás? ¿seré yo la causa de que pierdas tu sueño? ¡No puedo permitirme eso!
La rabia me invade. Aún así, el sólo mirarla ahí tranquila y confiada, hace que la serenidad vuelva a ser parte de mí otra vez. Se acerca el amanecer y ella despertará.
Debo retirarme.
Doy un paso atrás. Su cabeza voltea hacia donde estoy.
¿me habrá oido? ¿habrá despertado? ¿sabrá que estoy aquí?
Me detengo y mi respiración se corta. Grabo en mi mente ese momento: Es verdad eso qeu dicen, durnate el sueño uno revela su verdadero ser. Hoy lo entiendo al fin.
¡no quiero irme!
Ella, perfecta.
Me agacho hasta su oido y le suspiro que la amo, aunque la conozca únicamente desde la oscuridad de las imágenes nocturnas. En un movimiento fugaz beso aquellos labios.
¡Debo irme, ya!
La ventana. Flotar sueva y tranquilo.
* * *
- ¡Haz lo que te digo! ¿Cuándo aprenderás a comportarte como gente decente?
- ¡Nunca! si eso te causara alguan satisfacción.
-¡Pareces trastornada! andas por la calle como loca. A ti qué te importa lo que digan de nosotros, si vives la mitad delt iempo en la luna.
- ¿será acaso que yo sí pienso? ¿qué no doy un bledo por lqioe pueda o no decir la gente? ¿que hago lo que yo quiero hacer? pero no, tu jamás sabrás que es eso, ¡escuchas sólo chismes y los comerciales!
- Ni parece que fueras mi hija ¿quién te enseñó a contestarme así?
- Tu misma, ¿de qué te asombras?
- Si no fuera por tu padre hace mucho tiempo que estarías en la calle. Donde perteneces. Igual que él.
- ¡Tu y tus malditos prejuicios son la causa de que a esta casa no se la pueda llamar hogar!
Se alzó la mano autoritaria de la madre con la fuerza que da el coraje de no poderle vencer, y aplicó su furia sobre la cara de la oven. Haciéndola callar por un momento. Bullía dentro de ella un temperamento que no permitió que nadie se impusiera, y con el derecho que da la represión y la prerrogativa de defender sus ideales utópicos, regresó la agresión, imprimiendo en ella todo su desprecio hacia la figura que representara lo que tanto odiaba: la máscara de la hipocresía.
-Pero ¿cómo te atreves?
Un nudo en la garganta ahogó aqullo que deseó gritarle. Las miradas desafiantes chocaron en medio del silencio reinante, la lucha de poderes continuaba. La tensión se mostraba en ambos rostros.
Ninguna de las dos cedía. El teléfono disipó la tensión y ambos oponentes se retiraron insatisfechos, pero seguros de haber ganado terreno.
# # #
Al escuchar sus pasos una cucaracha corre despavorida a refugiarse bajo la sombra que el catre le ofrece, aquel que recoge las noches de insomnio del hechicero de luces, abatido, de pesadillas donde su magia no existe mas. El teatro y su esplendor han quedado fuera, se siente desvalido porque sus armas no funcionan en este lado del mundo. no quiere mirar la única mesa en el cuarto, sabe lo que va a encontrar: una nota exigiéndole dinero, cuestionando su derecho a seguir habitando esa prisión. El pequeño tanque de gas está cerrado y seguirá así, hoy no tiene qué calentar en la hormilla manchada de herrumbre.
Las ráfagas atacan nuevamente la habitación, nopierden una oportunidad de hacer sus noches más tortuosas, de colarse por rendijas y apuñalar su piel indefendsa. El Frío siempre aumenta cuando está lejos el teatro, fuera del alcance de los reflectores amarillos y los reflejos rosas. Querría poder habitar aquel mundo, permanecer má cerca al recuerdo de ellas. Si no fuese por los sueños que le hacían compañía, por la imagen de una noche que bien pudiese jamá repetirse, habría tomado entre sus manos aquella vida que nunca debió haber comenzado y la hubiera regalado a la muerte.
* * *
Venir a tí es perderme en destellos violetas y miedos celestes, entre marañas de cables gruesos cuando tu mirada está escondida trás párpados somnolientos. Estos dedos hundidos en polvos y cremas de día, tocan tus pestañas, acarician tus labios. ¡cuánta paz reside en tu sueño! ¿Iluminan, a lo mejor, esas lámparas una consciencia transparente, o acaso, quema su brillantez la imagen de tus deseos? ¿Soy la única con deliris nocturnos?
Los ruidos en tu rincón del mundo, tan alejado del mío, no se detienen por la madrugada, una nadar apresurado, esas voces levantándose en furia oen llanto, y yo, temerosa: ¿Tenemos, sombras de sueño, que escondernos ante los extraños?
El hombre se sigue de largo, ignora que te visito, qu estoy tan cerca de tí cuando tu descansas por momentos contra la pared. ¿me odiarías si me acercara más? Si eligiera sentarme a tu lado, volverme parte de tí y escuchar tu sangre fluir como si fuera la mía. ¿me aborrecerías? Si decidiera tomar tu voz, esa música que aún no conozco, para llenar la soledad; si guiara tus manos por mi cara, mi cuello, para que aprendieras mi nombre y alejaras la angustia que vive de mí…
¿Cómo saldré de las palabras, del amor que me aprisiona, y me aleja de tí? Eres mío.
Mis manos reconocen tu piel, saben que antes, les pertenecías, que antes, a su vez, eran completamente tuyas. Estos ojos, conocen donde buscar tu paz, tu intranquilidad, tu temor y tu odio; son mis labios los que buscan esos rincones de sensibilidad para hacerte reir, para que me acompañes en mi llanto. Se termina esta tregua, me retiro, pero te dejo un map, llega a mí, te estaré esperando.
* * *
Un teatro vacío que se prepara para dos funciones, le del escenario y la "otra", entre líneas que se desarrolla en medio de la utilería y el maquillaje. Las butacas, los pasillos y las cortinas en escena, son tans ólo partes dele spacio cavernoso que alberga tantas pesadillas, múltiples sueños. Con alfombras corroídas por zapatos encerados y pies descalzos que transportan mercancía, con tapices decolorados que ansían volver a vivir en colores fuertes que demanden atención.
Aquella noche, sin rencores y pasiones, exhalaban las flores un humor que inspiraba la pluma a cantar. Detrás de las lámparas, a casi una decena de metros de altura, una sombra camina sigilosamente y con paso seguro. Va cual abeja en primavera verificando que cada una de las luces apunte a un sitio y en el color necesario para que en las palabras iluminadas de sus víctimas, la magia retorne otra vez a él. La magia no está sola en su mente, recorren sus pensamientos las posibilidades, una en cien, diez en un millón, infinitas, precisas, le atacan todas, mientras ella posiblemente le aguarde. Exhala con lentitud, esa noche, hay demasiados impredecibles, ve las sombras en las paredes y piensa sólo en ella.
No había más sonido que el de us tacones contra el mármol blanco, ese que adornaba los andadores en el teatro. Respiraba lento, muy profundo, mientras los acordes de esa músic ainterna, tan privada, llenaban los rincones en ella que no estuvieran llenos de él. Pensaba en aquellos sueños que su menta habían poblado. La inquietaba saber si sería verdad, si todo lo que sintió mientras dormía era la señal que tan ansiosamente aguardaba. ¿podría acaso ser él la respuesta? La razón perdía el control y los tacones se estrellaban cada vez mas rápidos y con mayr ímpetu contra la blanquecina superficie. Su corazón latía desesperado, mientras retenía en los labios una pregutna: ¿será él?
El silencio gritaba ahogando su voz.
Blogged with Flock